Entre mi trayectoria lectora y la de las nuevas generaciones.

Sobre las diferencias de lo que viví de manera personal en cuanto a mi trayectoria lectora y lo que viven las nuevas generaciones, podría destacar que el boom de las tecnologías ha transformado de manera exponencial las formas de acercarse a la lectura y por tanto, las formas de leer y de construir una trayectoria lectora. Los chicos de mi generación nos acercábamos a las letras a través de las grandes enciclopedias, con ilustraciones que nos dejaban sorprendidos. La imagen, por más pequeña que fuera, tenía magia. Nos asombraba ver de cerca a un pulpo, a un dinosaurio y conocer las partes de la célula, ilustrada en vivos colores. Nos acercamos a las letras a través de los libros prohibidos de los padres o los abuelos porque hablaban de ciencia o derecho y eran el tesoro de la familia y, en el mejor de los casos, nos acercamos a través del cuento, placer de contar con un libro que era tuyo, que tenía niños de colores y narraba historias que te hacían conocer que había el bien y el mal.

Hoy la imagen prolifera, los sonidos, los textos están por doquier, a un click, en cualquier dispositivo, por tanto, el reto es doble, o triple, o 100 veces más grande. Habrá quienes traigan por herencia de familia o por imitación su gusto por la lectura, pero para los que no, es necesario despertar pasión por las letras, avivar su interés con estrategias precisas que vayan más allá de la curiosidad, pues el texto está ahí, al alcance de su mano, sin necesidad de husmear o de tomar algo prohibido, y es por eso, que el reto es mayúsculo.

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