El alma de la EPCLE.


Durante la primer quincena del mes de octubre realicé entrevistas a mis compañeros de generación para conocer sus opiniones sobre la lectura digital, los repositorios institucionales, además de recabar ideas para el diseño del repositorio institucional. Es muy alentador y satisfactorio escuchar cómo ha cambiado su perspectiva de enero a la fecha sobre la lectura digital y demás herramientas.
Escuchar sus propuestas también es una muestra del crecimiento que hemos tenido en conjunto frente a los retos de la lecto-escritura.

Después de realizar estas entrevistas, mis tiempos de ausentarme debido a mi dulce espera se adelantaron así que esa fue la última actividad de trabajo de campo, en cuanto a la EPLCE se refiere.

Sé (porque lo estoy viviendo) que una tesina requiere mucho más que palabras y sentimentalismos para demostrarse, pero hoy, a la distancia, leo los blogs de mis compañeros, sus tesinas, escuchó sus entrevistas, y definitivamente algo bueno en nosotros ha cambiado y, en mi caso, que gran satisfacción verlos abiertos a la pantalla y a sus bondades...

Pienso en ellos y recuerdo un fragmento que escribí hace unos días en un ensayo en el que reflexionamos, precisamente, en el fin de ciclo de la EPCLE:


"Eso son mis compañeros, diez aventureros con la mochila al hombro, dispuestos a sortear todo lo que se les planta enfrente. Diez almas un tanto incomprendidas sobrevolando, algunos sobre poemas, canciones de los Beatles y su “all you need is love”, algunos otros coexistiendo con cuentos de Allan Poe, gatos y vida nocturna, otros bohemios, filósofos y amantes de la sociología. Toparse con ellos es encontrarse con el alma de la especialidad, pues ¿qué es un libro sin su amante nocturno, sin su bohemio que lo busca desesperado, sin su soñadora oliendo sus hojas debajo de un árbol? Si bien la teoría nos decía que estábamos mal, hojear nuestras novelas en los tiempos libres, pasar horas en la biblioteca o gastarse todos tus recursos en la visita a la librería, nos recordaban que no estábamos del todo mal, que el libro seguía siendo nuestro amor secreto y que aunque parecía que no sabíamos ni cómo, lo que si era seguro era el deseo de contagiar a otros, a muchos, ese amor eterno
."

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