Del otoño, bibliotecas, lectura digitales y otras cosas...

Siempre ansío el otoño, la humeante taza de café, el abrigo invernal y un buen libro...

Pareciera que  los románticos, los nostálgicos del libro, deberíamos treparnos al árbol más grande y frondoso que nuestra imaginación haya creado y salvar ahí todos los libros impresos. Salvarlos no sólo del agua, el aire y el fuego, sino salvarlos de ese monstruo llamado digitalización...

Sin embargo, aún contra la mirada inquisidora de algunos,  habemos quienes a pesar de vivir un secreto y torrido romance con el papel amarillo y la pasta dura, también vivimos maravillados y acechados por ese futuro que ya llegó, seguros de que las letras no sólo en papel pueden llegar y crear nuevos mundos.

Por eso, a veces, mi irreverente necedad por la lectura digital, por rescatar lo que podría ser olvidado en estantes, por tratar de acercar a otros, ahora o en otras épocas, lo que tanto cuesta crear y que merece ser leído, estudiado y replicado por aquellos que como nosotros, buscan un mejor mundo a través de las letras.

Como sea, donde sea, leamos...

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